Circuitos perdidos: Circuito de Pescara, el triángulo mágico

En el automovilismo, las hazañas de pilotos y coches importantes han convertido lugares comunes en lugares famosos y ricos en la historia. Incluso las simples calles de ciudad, aparentemente normales, han entrado en el mito sólo con el paso de los coches. Calles como éstas que estamos a punto de contarles en nuestra rúbrica relativa a los circuitos perdidos, y que hoy tienen como protagonista a Italia, más precisamente la región de Abruzzo. Pescara, Montesilvano y Cappelle sul Tavo son tres ciudades de la región de Abruzzo que, unidas entre sí por una especie de tira de cemento, forman la característica figura de un triángulo que, para muchos, puede significar poco o nada, pero que, para los amantes de los motores de cuatro ruedas, evocan a la memoria historias, anécdotas y curiosidades que convierten estas sencillas calles en una especie de circuito mágico. Mágico sería la palabra más apropiada en referencia a lo que vamos a contar. Porque este circuito, llamado el ‘Triángulo mágico’, entra de derecho en la historia del automovilismo.

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Estamos hablando del circuito de Pescara, el circuito más largo donde se ha disputado una carrera de Fórmula 1. Claro, asociar el circuito de Pescara con la Fórmula 1, puede ser al menos reductivo, ya sea porque estuvo presente en el Mundial sólo una vez, en 1957, sea porqué lo mejor de su vida ha sido antes cuando era el circuito de la famosa Coppa Acerbo. Pero el hecho de entrar en los Guinness por esta característica es, sin embargo, un dato de absoluta importancia, también porque, seguramente, nunca será batido de nuevo.

Absoluto protagonista de las carreras entre 1924 y 1961, el ‘Triángulo mágico’, como hemos dicho antes, inició su gloriosa carrera como circuito de la famosa Coppa Acerbo, que toma su nombre del autor de la manifestación Giacomo Acerbo, ministro del gobierno durante la era fascista, para recordar al hermano Tito, medalla de oro al valor en la I Guerra Mundial. En poco tiempo se convirtió en un acontecimiento técnico-deportivo de relieve nacional y luego internacional, así como un gran atractivo para la mundanidad de la época. Después de la Segunda Guerra Mundial, el título original fue abandonado y la carrera asumió varias denominaciones -Circuito de Pescara, 12 Horas de Pescara, Gran Premio de Pescara y 4 Horas de Pescara-, manteniendo sin embargo el orden numeral relativo al año de edición. 

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En este circuito participaron grandes fabricantes de automóviles italianos (Ferrari, Alfa Romeo y Maserati) y grandes casas extranjeras (Bugatti, Mercedes, Auto Union, Vanwall) y por supuesto, grandes pilotos como Campari, Nuvolari, Caracciola, Rosemeyer, Fagioli, Ascari, Fangio y Moss. El equipo con el mayor número de victorias fue el de Alfa Romeo, con 10 triunfos, mientras que el piloto con el mayor número de victorias fue Giuseppe Campari, ganador de hasta en tres ediciones, todas con Alfa Romeo (dos veces con el Alfa Romeo P2 y una con Tipo A).

De las 27 ediciones disputadas entre 1924 y 1961, la competición en el circuito fue suspendida cuatro veces: 

– En 1929 fue suspendida a causa de los trabajos para la construcción del ferrocaril Pescara-Penne;

– De 1940 a 1946 debido a la Segunda Guerra Mundial;

– En 1955, a causa del accidente de 24 horas de Le Mans -recordado como el peor accidente de la historia del automovilismo, en el que murió el piloto de Mercedes Pierre Levegh y 80 espectadores-.

– De 1958 a 1960 por la tragedia ocurrida el año anterior en Guidizzolo, durante la última Mille Miglia, donde murió el piloto español Alfonso de Portago en su Ferrari 335 S. El accidente causó la muerte de los ocupantes del coche, de nueve espectadores, entre ellos cinco niños, además de numerosos heridos. 

La carrera comenzaba en el centro de la parte norte de la ciudad a la altura de la actual Piazza Duca degli Abruzzi, en la antigua vía Nazionale Adriática en dirección sur y luego girar en el interior, en dirección oeste, y recorrer la recta de la actual vía del Circuito hasta los campos circundantes y los pueblos de Villa Raspa y Spoltore. Desde aquí, el trazado continuaba con una serie de innumerables curvas hasta llegar a Cappelle sul Tavo. Desde aquí, los coches tomaban dirección al mar y por lo tanto emprendiendo, a altísima velocidad, el ‘kilómetro lanciato’, hasta llegar a Montesilvano, donde el circuito giraba hacia el sur, en la vía Nazionale Adriatica, donde se completaba la vuelta. La longitud total era de 25,579 kilómetros. Ni siquiera el más famoso Nurburgring ha sabido hacerlo mejor.

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Las dificultades eran evidentes, sobre todo debido a las precarias condiciones de seguridad en las que corrían los pilotos. En primer lugar, porque, como ocurría a menudo en los circuitos urbanos, las trayectorias de las curvas eran poco adecuadas a la velocidad que podía alcanzar un monoplaza en la época, considerando también su aerodinámica. Además, hay que recordar que durante todo el trayecto se reunían muchos espectadores -las estimaciones de la carrera de 1957 hablaban de más de 200.000 espectadores-.

Y ahora un poco de historia. ¿De dónde viene la idea de un circuito tan largo y por qué precisamente en Pescara?

Todo comienza en 1923, cuando en Castellammare Adriático, uno de los dos municipios que juntos con Pescara Vecchia dieron origen a la actual ciudad de Abruzzo, llegan, de Roma, los automóviles que participan en una competición de regularidad en el contexto de la ‘Settimana dell’Abruzzo’. Una carrera de más de 600 km que cruza toda la península italiana de Roma a Pescara. Entre los organizadores está presente una persona, el honorable Giacomo Acerbo, cuya tarea es entregar la copa al ganador. Copa que lleva su nombre. De hecho, estas fueron las pruebas generales de un circuito que luego pasaría a la historia. Un trazado creado de la nada, casi de un día para otro. El éxito de la prueba de regularidad de 1923 lleva a Giacomo Acerbo a concebir junto al Conde De Sterlich Aliprandi, la idea de una competición en un circuito cerrado. El hombre político no está muy familiarizado con los temas deportivos, aún menos con los automovilísticos. No tiene ni idea de cómo realizar una carrera de automóviles, ni qué distancia hacerla disputar, como tampoco a qué tipo de coches destinarla. Se da cuenta de que, para llevar adelante su proyecto, debe compartirlo con personas expertas. Su papel político lo había puesto en cuenta de personajes de primer plano del automovilismo nacional. Todas personas de noble origen social, de alto nivel.

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Acerbo puede contar con la disponibilidad y colaboración de Giovanni Spinozzi, emprendedor empresario teramano que opera en el sector del automóvil. Una vez constituido el comité organizador, se llega a la elección del circuito. Spinozzi propone el trazado Giulianova – Montone – Mosciano Sant ‘Angelo – Giulianova. Acerbo apoya otro: Castellamare Adriatico – Montesilvano – Loreto Aprutino – Penne – Pianella – Cepagatti – Chieti Scalo – Pescara – Castellamare Adriatico. Entre los dos personajes se determina una especie de pulso, cada uno destinado a localizar el circuito en territorio de más directa influencia. Ambos son conscientes de los beneficios promocionales que pueden recaer sobre las ciudades y los pueblos candidatos. Para superar el punto muerto, Acerbo constituye una comisión de expertos compuesta por los senadores Giulio Crespi, el ingeniero Nicola Romeo, Arturo Mercanti -realizador del ‘Autódromo Nacional de Monza-, Giovanni Spinozzi y los pilotos Vincenzo Lancia, Pietro Bordino y Diego de Sterlich Aliprandi.

A principios de marzo, Arturo Mercanti, Alberto Jugo y De Sterlich, por sorpresa, eligen el recorrido Castellamare Adriático – Spoltore-Cappelle sul Tavo – Montesilvano Marina – Castellamare. Las localidades afectadas por el trazado, de economía agrícola predominante, están conectadas entre sí por carreteras rudimentarias, de importancia municipal, que apenas pueden garantizar el acceso a los vagones agrícolas utilizados para el transporte de los productos locales. Hay que rediseñar, rectificar, y consolidar.

El coste de los trabajos y el volumen de las obras a realizar se presenta ponderosa y onerosa. Por el contrario, el trazado resultante es completo, rico de subidas, de descensos imposibles, de curvas de diferente amplitud, mientras que las llanuras presentan largas rectas. No por nada, los alemanes se inspirarán en este trazado para la realización del Nurburgring en 1927.

El 27 de marzo se aprueba el reglamento de la primera Copa Acerbo y la fecha de la carrera se programa para el 13 de julio. A principios de abril, se da luz verde al inicio de las obras.

Arturo Mercanti, conocido por haber realizado el Autodromo de Monza en cien días, se supera en Castellamare Adriático, al crear el circuito de Pescara en tres meses: 90 días.

Alfa Romeo llega a Pescara después de haber creado el famoso P2, confiado a Campari, entonces piloto número uno del equipo. El piloto italiano se encontró con los temibles Mercedes de Bonmartini y Masetti. Sin embargo, el ganador de la primera carrera, de manera algo inesperada, fue un joven piloto que compitió con un Alfa Romeo RL Targa Florio. Era todavía desconocido al mundo, pero en el futuro cambiará para siempre el mundo del automovilismo deportivo. ¿Su nombre? Enzo Ferrari.

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En las dos ediciones siguientes, los ganadores en el circuito de Pescara fueron dos pilotos de Abruzzo. En 1925 fue para Ginaldi, con Alfa Romeo, después de que los dos contendientes por la victoria, Brilli-Peri con Talbot y Materassi con Itala -llamada Italona, porque montaba un motor de aviación-, se viesen obligados a retirarse. Estos últimos fueron también protagonistas en 1926, pero una vez más nuevos problemas con sus coches les impiden triunfar en el circuito de Pescara. La victoria fue para Spinozzi con un Bugatti, que se convirtió, así, en el primer coche no italiano en triunfar en el circuito abruzzese.

En 1927 y 1928 fue el piloto Giuseppe Campari con un Alfa Romeo P2 quien ganó la Coppa Acerbo. Quizás la mejor pareja de la época. En el primer triunfo, el milanés no encontró combate contra nadie, pero en 1928 la victoria fue decididamente más difícil, con pilotos como Nuvolari, Materassi, Varzi o Fagioli. El piloto de Alfa Romeo hizo un gran esfuerzo para dominar a sus oponentes.

Después de la pausa de 1929, en 1930 es el italiano Achille Varzi quien regala la primera victoria a la casa del tridente en la Coppa Acerbo. El piloto de Maserati logra tener lo mejor de sus archirrivales Nuvolari, Fagioli y Arcangeli, realizando el adelantamiento decisivo durante la penúltima vuelta. El año siguiente llega el tercer y último triunfo para el piloto Campari, siempre en Alfa Romeo. Con tres éxitos sigue siendo el piloto con más victorias en el circuito de Pescara. En 1932, ve finalmente la victoria el gran Tazio Nuvolari, después de un apasionante duelo con su compañero de equipo, el joven Rudolf Caracciola. Para completar el podio -y el triplete para Alfa Romeo-, terminó otro piloto italiano, Luigi Fagioli. Precisamente este último, siempre en Alfa Romeo, triunfó en la novena edición de la Coppa Acerbo, logrando dominar a Nuvolari, después de que éste se viese obligado a parar en boxes por problemas mecánicos. 

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Después de la manifestación, el RACI de Pescara toma la decisión de insertar antes de la meta, una curva cuádruple para obligar a los coches a ralentizar la velocidad. Dicho esto, la tragedia llega el año siguiente. La edición de 1934 cuenta con la participación de un gran número de participantes y constructores. A las italianas Alfa Romeo y Maserati se añaden la francesa Bugatti y las alemanas Mercedes y Auto unión. Justo en el coche de la estrella, el campeón, Fagioli.

El líder de la carrera durante las primeras vueltas fue el alemán Caracciola, en el mismo coche que Fagioli, seguido por Varzi con Alfa Romeo, Stuck con Auto unión y Nuvolari con Maserati. Quien se aprovecha de los problemas de estos últimos es un joven piloto argelino, Guy Moll, que queda así sólo en la búsqueda del Mercedes de Fagioli. Un piloto todavía al principio de su carrera, pero que precisamente en ese año logra ganar en el Gran Premio de Mónaco y en el AVUS –te recomendamos leer su historia-. El ritmo del joven piloto es impresionante. Recupera, a través de vueltas de récord, la distancia con Fagioli. Pero en la vuelta 17, para llegar a este último, Moll muere como resultado de una violenta salida de la pista cuando intentaba doblar al Mercedes de Henne. Coincidencia de los hechos, en la salida hay 17 coches, Moll muere en la vuelta 17 y la salida de la pista se produce en el km 17. La mayor promesa del automovilismo, según Enzo Ferrari, desaparece con tan sólo 23 años.

Estos son los años del dominio alemán. Hasta 1938, son los coches plateados de Auto Union y Mercedes los que mandan en el circuito de Pescara. En 1935, el piloto italiano Varzi concede el triunfo para Auto Union con su Type C, y en los dos años siguientes es el joven alemán, Bernd Rosemeyer, quien triunfa en el ‘Triángulo mágico’, con el mismo coche. En 1938 llegó el último éxito alemán con el alemán Caracciola, con el Mercedes W154, que tenía la ventaja sobre el joven piloto de Maserati, Luigi Villoresi.

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La última edición, antes de la guerra, es ganada por el piloto italiano Clementi Biondetti con el Alfa 158 ‘alfetta’, ante el futuro primer Campeón del Mundo de Fórmula 1, Giuseppe Farina. La carrera de 1939 será la última en llevar el nombre de la Coppa Acerbo. Terminada la guerra, la nueva competición es llamada ‘Circuito de Pescara’, y fue ganada por el piloto italiano Vincenzo Auricchio con un Stanguellini-FIAT 1100.

1948 ve triunfar por las calles del circuito de Pescara al futuro Campeón de F1, Alberto Ascari, con el Maserati A6GCS, resistiendo a los ataques del francés Sommer con Ferrari y del italiano Villoresi siempre con Maserati. Al año siguiente, la parrilla quedó divida por categorías. La victoria, bajo la lluvia, fue para el italiano Franco Rolt con Alfa Romeo, que quedó por delantera de los Ferrari de Biondetti y Vallone.

En 1950, nace la Fórmula 1 y Pescara no se deja coger desprevenida, organizando la carrera, aunque no válida como prueba del Campeonato, con los mejores pilotos del Mundial. Triunfa el gran piloto argentino Juan Manuel Fangio con el Alfa 158 ‘alfetta’. El futuro pentacampeón triunfa en el circuito de Pescara, después de una lucha con el italiano Fagioli, realizando la vuelta más rápida con una media de velocidad de 145,671 km/h y alcanzando la mayor velocidad máxima en el ‘kilómetro lanciato’ -310,344 km/h-. El éxito de Fangio fue, de alguna manera, una recompensa del destino, dado que el piloto argentino es hijo de emigrantes de la provincia de Chieti, un pueblo cercano a Pescara, que emigraron a Argentina para buscar suerte.

Los tres años siguientes fueron dominados por un nuevo establo italiano, el de Ferrari. En 1951, el argentino Jose Froilán González lleva el establo de Maranello al escalón más alto del podio. En 1952, la carrera toma el nombre de 12h de Pescara y es válida para el Mundial de Sports Prototipos. La victoria es para el Ferrari 250S de Baco/Marzotto, mientras que al año siguiente es para Hawthorn/Maglioli, quienes triunfan con un Ferrari 375MM. La edición de 1954 cuenta con la participación tanto de coches de Fórmula 1 como de Fórmula 2. La victoria fue puramente italiana, con el piloto de Roma, Luigi Musso, que se adjudica la carrera con un Maserati 250F.

En 1955, la tragedia de Le Mans repercute en el circuito del ‘Triángulo mágico’ y la edición número 24 se aplaza al año siguiente, con la adopción de un tipo de carrera basada en la Fórmula Sport con cilindras de entre 1500cc y 2000cc. El ganador de la máxima categoría fue para el francés Manzon con un Gordini.

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Con la edición número 25, llegamos a 1957, una fecha importante para el circuito de Pescara. Tras la cancelación de los GP de Bélgica y los Países Bajos, el circuito italiano, gracias a la fama adquirida a lo largo de los años, es finalmente aceptado como prueba válida para el Mundial de F1. Pero la víspera del GP de Pescara no es la mejor. Los organizadores tuvieron que superar varias dificultades, con el ANAS que inicialmente no da su consentimiento sobre la idoneidad del circuito de carretera por el peligro que los espectadores correrían, lo que se añade la decisión de Enzo Ferrari de no permitir a sus coches participar en la carrera, después de haber perdido, tres meses antes, al piloto español Alfonso de Portago durante la Mille Miglia. Sólo en el último momento, el ‘Drake’ concede un coche a Luigi Musso con la condición de que fuera inscrito ‘privadamente’ por el piloto.

Después de la pole position, conquistada por el argentino Fangio con Maserati, fue el inglés de Vanwall, Stirling Moss, quien conquistó el primer -y último- Gran Premio de Pescara de Fórmula 1.

Es curioso cómo el piloto australiano Jack Brabham logró terminar la carrera a pesar de los problemas de consumo de combustible. Simplemente se detuvo en una gasolinera cerrada y, gracias al gerente, que estaba allí para reabrir por la tarde, llenó el depósito.

Aquella fue la última vez que la Fórmula 1 corrió realmente por carreteras abiertas, entre campos, árboles y muros de hormigón, donde la batalla no era sólo entre piloto y piloto, sino una combinación entre piloto, coche y el entorno que los rodeaba, en condiciones en las que incluso ganar la carrera sólo podía parecer secundaria en comparación con el objetivo de ser capaz de hacer 18 vueltas en el circuito.

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Después de dos años de interrupción, principalmente por razones económicas y por la tragedia de De Portago, se volvió a correr en 1960, con una carrera de Fórmula Junior. El ganador fue el piloto australiano -y futuro campeón de F1- Dennis Hulme con un Cooper BMC.

Con la nueva denominación, 4h de Pescara, será el Ferrari 250 Testarossa de la pareja Bandini/Scarlatti quien se adjudicarán, en 1961, la última carrera en el circuito de Abruzzo.

La carrera ya no se disputó por razones de poca seguridad pasiva, y es que durante la carrera se apilaban muchedumbres inmensas en los lados de la pista. Los historiadores de carreras siempre han definido el circuito de Pescara como uno de los circuitos más peligrosos jamás creados por la historia.

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¿Qué queda hoy de este hermoso circuito? Las carreteras todavía están presentes, pero si antes las dos rectas del ‘kilómetro lanciato’ se utilizaban para batir récord de velocidad, hoy se utilizan principalmente para conectar los principales lugares de la costa.

Afortunadamente, no se ha perdido todo este circuito inolvidable. Entre los municipios de Cappelle sul Tavo e Spoltore, podemos encontrar un monumento que recuerda el 53º aniversario de las carreras en el circuito de Pescara. En Montesilvano, municipio que conecta las dos rectas del ‘kilómetro lanciato’, encontramos rastros del circuito de Pescara, en el parque Guy Moll, titulado en honor del piloto argelino, y una lápida erigida, siempre en su memoria, en el lugar donde el piloto perdió la vida.

El circuito de Pescara sigue siendo aún hoy un espléndido recuerdo en la memoria de los apasionados de los motores, como lugar donde grandes campeones y grandes coches han hecho la historia del automovilismo.

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