Hagamos cohetes con ruedas: el Proyecto Opel RAK

Los locos años 20. Una época en la que, parece ser, sobraba el dinero para tonterías. Una década muy particular en Alemania donde convivían la innovación científica y técnica y el surgimiento de una identidad nacionalista radical, en un ambiente político tenso. Y a la vez, una época de oro para inversores, capitales y empresas que pensaban que nada podría ir mal y que sólo podían hacerse más y más ricos.

En este contexto, hace poco contamos la historia del circuito de AVUS en Berlín, instalación muy ligada a la historia que nos atañe a continuación inaugurada precisamente en la década de los 20. La historia de cuando el heredero y dueño de una marca fabricante de automóviles decidió tener la estupenda y nada insensata idea de equipar vehículos con cohetes de combustible sólido. Esta es la historia de los Opel RAK.

Rebobinemos al pasado. Año 1862. El alemán Adam Opel funda su empresa, Opel, para entrar en el principal mercado industrial principal de aquella época, la industria textil, fabricando… MÁQUINAS DE COSER. Más tarde, vio que un nuevo vehículo de transporte se estaba haciendo cada vez más popular y comenzó a fabricar… BICICLETAS. Al bueno de Adam no le gustaba esa cosa llamada automóvil. Por encima de su cadáver iba a fabricar coches su empresa.

Dicho y hecho. Tras su muerte en 1895 sus hijos deciden empezar a fabricar automóviles. En su primer año fabricaron la espectacular cifra de once vehículos. La cosa iba mal, obviamente, así que la empresa se dedicó a la importación de coches franceses, los Darracq, en Alemania. No fue hasta 1902 que presentaron su primer automóvil 100% propio y ya después de la Primera Guerra Mundial llegó su consagración fabricando vehículos asequibles para el titubeante mercado alemán de la posguerra. Vamos, que copiaron la idea a Henry Ford.

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En 1899 nace Fritz Opel, nieto de Adam e hijo de Wilhelm. En 1917 pasó a llamarse Fritz Von Opel, porque su padre obtuvo título nobiliario y, no nos engañemos, sonaba muchísimo mejor así. Fritz heredó la empresa y allá por 1928 conoció a un señor astrónomo/inventor/publicista llamado Max Valier. Valier era un tipo muy listo. Un estudioso, un científico, ingeniero. Escribió varias obras sobre cuerpos celestes y el Sistema Solar y desarrolló la teoría de que la luna estaba cubierta de un gran océano helado y de ahí su color blanco. Parece muy loco todo esto, pero Valier no era un cantamañanas. De hecho hay un cráter en la luna que lleva su nombre. El caso es que estaba obsesionado por los cohetes y de algún modo convenció a Fritz von Opel de que sería una buena idea impulsar sus coches con cohetes a ver qué pasaba. A von Opel le encantó la idea, pero no tenían forma de fabricar cohetes, así que contactaron con Friedrich Sander, cuya empresa fabricaba cohetes de señales. Bengalas.

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Así que se embarcaron los tres en este proyecto, sin estudios previos ni medidas de seguridad ni nada y le pusieron unos cuantos cohetes de fuegos artificiales a un Opel de producción. En realidad era bastante ingenioso, ya que usaron dos tipos de cohetes, de mayor y de menor empuje. Los primeros entrarían en ignición para acelerar el coche. Darían gran empuje durante pocos segundos. Después, entrarían los de menor empuje para mantener la velocidad pero durarían más tiempo encendidos. Evidentemente, el experimento salió mal, recorriendo el vehículo 150 metros en 30 segundos. Más lento que caminando a pie, pero eso sí, más espectacular. Pero, ¿qué sentido tenía todo esto? Era un proyecto sin aplicación práctica. Era inviable dotar a los vehículos con propulsión por cohetes por razones evidentes. La respuesta es la de siempre: Publicidad. Publicidad para Opel, para Valier y para Sander. Todos ganaban.

Pensaron que las cosas no salen bien a la primera, así que volvieron a la carga. En abril de 1928, tras dos test más en los que descubrieron que gran parte de los cohetes no entraban en ignición, tomaron un pequeño Opel de calle, un 4/12, le quitaron la carrocería, el motor y la transmisión y le instalaron una carrocería más ligera y por supuesto, doce cohetes Sander. Sentaron al piloto Kurt Volhart al volante, pusieron un montón de explosivos detrás de su cabeza y llamaron a la prensa para que quedara constancia de lo que iba a ocurrir. Y ocurrió algo extrarordinario: El Opel RAK (de Raket, cohete en alemán) alcanzó una velocidad de 100 km/h en 8 segundos. Una cifra nada desdeñable, si tenemos en cuenta que un Mazda MX-5 actual se mueve en esas cifras. Y lo mejor de todo sin destrucción, sin muerte y sin heridos. Una proeza. Y una publicidad espectacular para el trío Opel-Sander-Valier.

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Y llegamos a mayo de 1928. Por aquel entonces, los científicos alemanes debatían si era posible o no el vuelo con combustibles líquidos. Valier, defensor de la imposibilidad, vio este experimento como una oportunidad de reforzar su tesis. Así que se presentaron en AVUS, espoleados por la expectación de público y prensa, en un circuito más preparado que la pista de pruebas de Opel en Rüselsheim en la que se probó el primer RAK, con dos rectas inmensas y mayores medidas de “seguridad”, con el nuevo Opel RAK 2. El RAK 2 estaba basado en un chasis mayor, un Opel 10/40, de nuevo sin motor y sin transmisión, con unas ruedas de los años 20, y con dos alas.

Digamos que las nociones de aerodinámica de los años 20 eran más bien una esperanza de que todo fuera a salir bien. El RAK 1 fue un éxito con sus doce cohetes, pero querían enviar a un hombre a la mayor velocidad que ningún hombre hubiera estado jamás en tierra, así que, por supuesto, doblaron el número de cohetes para el RAK 2.

El sistema de ignición de estos 24 cohetes era bastante ingenioso. Se conectó el acelerador a un sistema de ignición eléctrico secuencial de cuatro posiciones. Con cada pulsación del pedal entraba en ignición una sección de cohetes, primero para acelerar y más tarde para mantener la velocidad. Lo cierto es que el RAK 2 era una proeza tecnológica.

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Y así, después de discursos épicos e inspiradores de sus creadores, con celebridades en las gradas abarrotadas de la talla del director de cine Fritz Lang, esta vez sí, Fritz Von Opel, con su cazadora de aviador y nada más, se puso al volante del RAK 2 negro mate, con un OPEL bien visible en su carrocería, e inició la marcha. Tras las cuatro explosiones y la tremenda humareda el RAK 2 se detenía después de haber alcanzado la impresionante velocidad de 238 km/h. Podemos imaginar la estupefacción del público por lo que acababan de presenciar, nadie había visto nada ir tan deprisa jamás. De nuevo discurso épico de Von Opel, que seguramente creería haber hablado con dios en algún momento de la prueba. Fama, notoriedad y publicidad, puro marketing. Si hubiera existido Red Bull en los años 20, habrían estado metidos en esto.

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Pero no se detuvieron ahí Opel, Velier y Sander. Las posibilidades eran inmensas. Cohetes en trenes. Cohetes en motos. Cohetes en aviones. No había límite. El primer ensayo con un avión tuvo lugar en junio, solo un mes después del éxito del RAK 2 en AVUS. Y a finales de mes, se presentó el RAK 3, para batir el récord de velocidad sobre raíles.

El RAK 3 era una especie de vagoneta aerodinámica superligera con nueve cohetes esta vez. El vehículo alcanzó la estratosférica velocidad según algunas fuentes de 290 km/h. En 1928. Como salió bien, en el segundo intento acoplaron 24 cohetes, era lo lógico, pasar de 9 a 24. Salió mal la cosa y quedó destruido el prototipo, aunque no hubo que lamentar muertes. No entiendo adónde quería ir esta gente con tanta prisa.

Aún con este accidente, se decidió reintentarlo con el Opel RAK 4. Pero este cuarto intento ya fue demasiado. Uno de los cohetes explotó incontroladamente e hizo que explotara el resto nada más iniciar la marcha. Este accidente hizo que se prohibieran este tipo de tests en vías de tren por lo que el RAK 5 nunca vio la luz.

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Aún con eso, había sido un año excitante y la idea de instalar cohetes en aviones ultraligeros parecía buenísima. Para Septiembre de 1929 se presentó el Opel Sander RAK-1. De nuevo con Fritz Von Opel a los mandos, el avión voló durante 10 minutos sin ningún problema, impulsado por 16 cohetes Sander. El problema vino en el aterrizaje, con Opel saliendo indemne de él pero la aeronave totalmente destruida.

Lamentablemente, la crisis de 1929 fue el primer evento económico que afectó a todo el planeta. General Motors, que adquirió Opel por aquellas fechas, le dijo a Fritz que dónde iba con los cohetes, que se acabó el dinero para esas chorradas y que se dedicara a fabricar y vender coches. Y así, con una crisis económica, se acabó el sueño de poner cohetes a cosas para que fueran muy deprisa. Posiblemente fue la primera vez que la economía dio al traste con la investigación tecnológica. La primera vez que el dinero se enfrentó al progreso.

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