BMW E9 3.0 CSL Grupo 2

La era dorada de los turismos: nostalgia en el Jarama

Hay algo en los campeonatos de turismos que los ha hecho destacar sobre el resto de competiciones. La acción en pista solía ser la regla predominante gracias a la corta duración de las carreras, a la extensa lista de inscritos y a lo ajustado de sus mecánicas. Estas últimas basadas en los mismos coches de producción que podías ver por la calle y comprar en un concesionario. Y, sin embargo, hay algo que no termina de cuajar en los campeonatos actuales.

Personalmente, no encuentro el atractivo en el campeonato actual. No sabría decir si es por culpa de los turismos que se venden hoy día o si es por mi gran interés por lo clásico. Pero prefiero ver el extravagante BMW E9 3.0 CSL con su motor de seis cilindros en línea o escuchar el bramido del pequeño Ford Escort RS 1600 antes que ver la lucha entre un Hyundai I30 N TCR y un Honda Civic TCR, ambos con motor turbo de similar cilindrada. No quisiera desmerecer a ninguno. Seguro que tanto el Hyundai como el Honda, en sus versiones de calle, tienen que ser una pasada, pero hay algo que en las carreras no termina de llamarme.

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Para mi suerte, el Jarama Classic trajo consigo la ‘Heritage Touring Cup’, organizada por Peter Auto, abierta a turismos que participaron en el European Touring Car Championship entre 1966 y 1984. La era dorada del campeonato, que llegó incluso a rivalizar con los mundiales de Formula 1 y de resistencia. No era para menos, con un reglamento que permitía la participación de los Grupo 2 y Grupo 4 de la FIA. O lo que es lo mismo, con turismos derivados de serie y con un presupuesto menor comparado al de los grandes campeonatos, eran capaces de competir en carreras mucho más vistosas para el público.

Hasta el Jarama llegaron turismos de todas aquellas décadas. Todos con ese toque nostálgico a los años setenta. Si tuviese que elegir uno, sin duda sería el BMW 3.0 CSL, especialmente con los colores oficiales.

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Aquella obra de la ingeniería se llegó a hacer con hasta 6 títulos ente 1973 y 1979. Schnitzer y Alpina fueron los mejores equipos privados, y por los mandos pasaron pilotos de la talla de Toine Hezemans, Hans Joachim Stuck o Niki Lauda.

En 1974 el título fue para el equipo Zakspeed y su Ford Escort RS 1600. La lucha que llevaron a cabo fue digna de enmarcar. A los Ford Escort RS también se sumaron los Capri RS, de mayor cilindrada y potencia, pero también de mayor peso. El bramido de los motores Ford, especialmente los 1.600cc de los Escort, fue toda una experiencia sonora, torturándolos hasta la altísima línea roja.

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A principios de la década de los ochenta, los Grupo 2 y 4 dieron paso a un único Grupo A. Algunas de estas nuevas máquinas también llegaron hasta nuestro circuito madrileño. Entre estos destacaron unos cuantos BMW 635 CSi y un único Volvo 240 Turbo.

En el caso del BMW se notaba la diferencia del segmento con respecto a sus directos participantes, pero la alargada y baja carrocería es, sin duda, su mayor atractivo. Todo lo contrario que el Volvo: más corto, pero también más alto y con unas líneas muy toscas. El proyecto comenzó con una copa monomarca creada a principios de los ochenta. El buen trabajo de los suecos acabó dando como resultado un proyecto en el campeonato europeo y el título en 1985.

Todos estos fueron, quizás, los más conocidos por todos, pero también se dejaron ver varios coches típicos de los campeonatos de turismos de la época, como los BMW 2002 Ti y los Ford Mustang.

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