La historia del Ford GT40 Mk III

La historia del Ford GT40 fue larga, y no solo por el tiempo que se mantuvo en activo en competición -que lo fue, y mucho-, sino también por los años que costó desarrollarlo desde el boceto inicial hasta la salida del último coche fabricado en las instalaciones de Ford Advanced Vehicles -FAV-. Tras este último chasis, la FAV se disolvió y fue John Wyer Automotive quien se hizo con sus talleres situados en Sloan, Inglaterra. John Wyer había participado en la campaña del Ford GT40 formando equipo junto con los americanos.

De estas instalaciones comenzaron a salir ideas para fabricar unidades de producción con las que circular por vías públicas. El objetivo era crear un Ford GT40 más apto y cómodo para las vías urbanas e interurbanas. De este proyecto nació el que hoy conocemos como Ford GT40 Mk III.

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Este Mark III se diferenció bastante con respecto a su homónimo original de Ford, aunque mantuvo el mismo chasis monocasco de acero. El morro cambiaba ligeramente su forma para pasar la homologación americana, que obligaba a subir los faros y a montar ópticas circulares. El interior recibió nuevos asientos, más cómodos, además de un tapizado completo para hacer el habitáculo más habitable y bonito a la vista de los clientes. La trasera recibió un voladizo más largo que permitía crear un espacio para el equipaje, justo tras el motor.

El motor del Ford GT40 Mk III iba situado en el mismo lugar que en el GT40 de competición. Este era de posición central, colocado tras el habitáculo, pero se cambió por el bloque 289 de 4.7 litros que usaban las primeras unidades del Ford GT. El sistema de escape se cambió por uno más convencional, perdiendo el típico ‘espagueti’ de los colectores de escape de los coches de competición a favor de un mayor espacio en el maletero. Los tubos de escape pasaban por los lados de la caja de cambios, que era idéntica a la de competición, creando un espacio encima de esta para el maletero. La palanca de cambios se redirigió hasta la consola central, lo que permitía en un futuro disponer de volante a la derecha o a la izquierda. Tanto el motor como la caja de cambios hacían mucho ruido, por lo que para solventar este problema se añadió espuma aislante a lo largo de toda la carrocería y en varios puntos clave del chasis.

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Pese a que los Ford GT40 Mk III los fabricaba JW Automotive, la venta quedaba a cargo de la red comercial de la propia Ford. Su precio, en Estados Unidos, fue de 18.500$, lo que los hacía 2.000$ más caros que los GT40 de competición fabricados por la FAV. Este precio no ayudaba a su venta, como tampoco ayudaban las pruebas que hacían los clientes. El coche se mostraba tosco, con unos cambios de marchas que eran difícilmente precisos. Además, los periodistas de la época se quejaban de la calidad de los acabados.

Al final, JW Automotive solo fabricó siete unidades entre 1967 y 1969. Muy pocas encontraron dueños. La mayoría acabó en manos de la propia Ford, que los usaba con fines comerciales y de marketing, mientras que uno de ellos se lo quedó John Wyer como vehículo propio y personal.

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