Una pista de carreras en la azotea: la factoría Lingotto de Fiat

Hoy os vamos a hablar de uno de los edificios más alucinantes que se han construido jamás. No, no nos hemos vuelto locos y no, no hemos cambiado la línea editorial de ‘coches super chulos e historias increíbles para locos del motor’ por ‘arquitectura industrial del siglo XX’, aunque también sería un tema bastante interesante. Estamos hablando de la factoría de FIAT en Turín, la fábrica de Lingotto.

¿Por qué una fábrica donde se construyen Fiats asequibles y en masa es tan alucinante? Primero porque fue una de las primeras fábricas para la producción masiva de turismos del mundo. Segundo, porque fue el segundo mayor edificio del mundo tras su inauguración, en 1923 y la fábrica de coches más grande de Europa y segunda del mundo. Pero, sobre todo, porque tiene un óvalo de 2,4 km de longitud con dos horquillas peraltadas EN LA AZOTEA. Una pista de carreras encima de vuestro lugar de trabajo. Imaginadlo. No sé vosotros, pero yo tengo muy claro dónde invertiría los 15 minutos diarios de descanso en lugar de en almorzar.

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Pero toda esta, a priori, locura, no lo es tanto. No es que los italianos sean así, que estén chiflados ni nada por el estilo. Necesitamos poner en contexto la construcción de la fábrica de Lingotto. Retrocedamos, esta vez, hasta el año 1915. En plena Primera Guerra Mundial, Fiat -recordemos, Fábrica Italiana de Automóviles de Turín- está haciendo una fortuna fabricando ametralladoras y demás máquinas de matar para el ejército italiano. Pasada la contienda, se hacen con la práctica totalidad del mercado automovilístico italiano gracias a que la posterior recuperación económica haría que hubiera una demanda extraordinaria que había que satisfacer. Fiat debía hacer algo para satisfacerla, tenía que incrementar el ritmo de producción a toda costa. Así que Giovanni Agnelli – los italianos son muy de familia y la empresa familiar, ya sabéis – mandó a su hijo Gianni a un viajecito por los Estados Unidos a ver cómo era allí la industria. Y volvió absolutamente sublimado por el tinglado que tenía montado Ford, una megafactoría pantagruélica, elefantiásica, en River Rouge.

Porque, seamos sinceros, Henry Ford podría ser un poquito racista, lindando con lo legalmente inaceptable, pero sabía de construir cosas masivamente. Instauró la fabricación en cadena y eso al bueno de Gianni, le encantó. Producir un gritón de coches al día, y venderlos a precio razonable era el futuro. Había que llevar el concepto a Italia.

El caso es que Turín, e Italia en general, no cuenta con tan vastas extensiones de tierra, por lo que habría que adaptar la idea a sus posibilidades. Para ello se contó con el arquitecto Giacomo Matté-Trucco, que no lo sabía aún, pero estaba a punto de crear la obra cumbre de su vida. Matte-Trucco, en 1915, tenía la misión de idear una fábrica con capacidad de integrar oficinas, salas de reuniones y toda una cadena de producción en masa de automóviles, lo que, por supuesto, incluía una pista de pruebas. Y la solución de Matte-Trucco fue empezar por el tejado. Comprometió toda la estructura del edificio con la pista de pruebas que situó en la azotea. Todo el edificio se concibió como un enorme acceso al circuito de pruebas. Matte-Trucco construyó una fábrica de coches debajo de una pista de carreras. Así lo definió el arquitecto Le Corbusier. Y es una definición perfecta.

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El concepto era tan simple como ambicioso. La factoría tenía 5 plantas interconectadas por dos rampas en espiral que unían el suelo con la azotea. En la planta baja, esperaba la materia prima que iba transformándose, piso a piso, en un bonito Fiat, que llegaba a la azotea y era testeado por pilotos profesionales que daban el visto bueno para que descendiera de nuevo a la planta baja, donde esperaba su feliz e hipotecado nuevo propietario. Un concepto simple, pero un reto arquitectónico, que se solucionó con técnicas futuristas, construcciones modulares de hormigón, y todo esto, sosteniendo una pista peraltada en la azotea. Es totalmente alucinante.

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La pista en sí no permitía alcanzar velocidades muy altas. Se comenta que los empleados en sus ratos libres podían hacer carreras con coches a tal efecto, pero era una pista funcional más que de competición. Al menos tenía barreras en los peraltes, algo que no es baladí si habéis leído nuestro artículo sobre el circuito de AVUS en Berlín. Cuenta la leyenda que en esta pista se desarrollaron prototipos locos de Fiat, como el Turbina 1954, del que próximamente hablaremos, pero no hay constancia oficial en forma gráfica.

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De nuevo, debemos contextualizar un poco históricamente el momento que vivimos. A finales de la década de los años 10 del siglo XX, en Italia vivían una monarquía, una suerte de sistema parlamentario embrionario, parecido a la Restauración española. Fue en los años 20 tras la crisis económica que siguió a la guerra, cuando surgió un movimiento ultranacionalista de perfil obrero, con discursos grandilocuentes, exacerbados y bastante racistas. El líder de ese movimiento quizá os suene, un tal Benito Mussolini. Y el nombre de ese movimiento, el fascismo. En fin, lo que pasó fue la famosa Marcha sobre Roma de Mussolini, un golpe de estado, y el rey Víctor Manuel III diciendo que le parecía todo aquello estupendo y que Mussolini estaba muy bien. Y Mussolini vio en Lingotto una oportunidad de reforzar su discurso, un edificio moderno, futurista, que rompía con el barroquismo de la monarquía, Lingotto representaba el ideal industrial supremacista italiano que Mussolini buscaba.

Así que en 1923 ante la atenta mirada de Mussolini y un testimonial, y en cierto modo, temeroso Víctor Manuel III, se inauguró la factoría de Lingotto en Turín, orgullo italiano, eran los mejores, nadie en el mundo se podía comparar con ellos.

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Las cifras de producción que se manejaban era de 200 vehículos al día, que para la época era un número considerable. Aún así, Lingotto no podía satisfacer la creciente demanda por sí sola, y en 1936 se inició la construcción de la absolutamente descomunal planta de Fiat en Mirafiori, demoliendo un castillo de los Saboya que solo dios sabe cuánto valor artístico tenía. Con todo, Lingotto siguió fabricando vehículos y se dice que si tenéis un Fiat clásico hay muchas posibilidades de que sus primeros 2,4 km los diera en la pista de la azotea de Lingotto.

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80 modelos de Fiat pasaron por la fábrica de Lingotto, entre ellos el primer gran hit de la marca, el Fiat Topolino de 1936, o el 124 Spider. Poco a poco, la fábrica cayó en la obsolescencia, cerrando definitivamente en 1982. El último coche que salió por sus puertas, el último que dio una vuelta a su pista, que escaló por sus peraltes antes de abandonarla para siempre, y esto os va a encantar, fue un Lancia Delta en 1979. No se me ocurre una forma mejor de retirarse.

Actualmente, la fábrica de Lingotto sigue en pie, sigue siendo de un tamaño descomunal, y es uno de los activos turísticos de la ciudad de Turín. Alberga un centro comercial, un centro cultural público y un hotel de cuatro estrellas. Se ha respetado al máximo. Y si os lo preguntáis, sí, el circuito sigue existiendo, sigue en estado funcional y se realizan eventos publicitarios. Y sí, podéis ir a verlo. De hecho no me explico como no hemos ido todos ya.

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Como anécdota, Lingotto está más presente de lo que creemos en el imaginario colectivo, y probablemente la mayoría vosotros, que estáis leyendo esto, hayais visto la pista de Lingotto varias veces, ya que sale en el clásico de los 60 The Italian Job, con Michael Caine llevando un Mini por la pista de la azotea perseguido por unos Alfa Romeo de policía en una escena tan icónica como absurda, saltando con los Mini por las azoteas de la ciudad.

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